viernes, 13 de enero de 2012

Previo a la Media Maratón de San Sebastián

Para entender un poquito esto, les diré que no soy una deportista nata, aunque mis padres siempre quisieron que lo fuera.

Comencé de 4 años en gimnasia, brincaba como loca por todos los rincones del gimnasio y mi lugar favorito era la cama elástica, mi papá consideró que el asunto era un poco peligroso para alguien tan hiperactivo como yo. A los 5 años me inscribieron en natación y como siempre, desde ese momento, mi hermano 2 años menor que yo, fue la estrella en todos los deportes. Combiné la natación y la danza durante 10 años y luego asumí independencia deportiva, me frustró un poco que no me dejaran cambiarme de natación a Saltos Ornamentales, pero mi papá temía que terminara herida en algunos de mis deportes extremos.

Después de esto viene la adolescencia y comienza uno a hacer lo que parezca más popular, ya inscrita en un gimnasio, uno de los entrenadores quiso adoptarme como la cabeza de la torre en un grupo de cheerleaders de San Cristóbal, por suerte ese mismo año me mudé a Maracay a empezar la universidad y no tuve necesidad de mantener el equilibrio de pie sobre 5 personas más.

Estando en una ciudad nueva y muy calurosa lo más lógico era que retomara la natación, lo logré por un año, pero los horarios me truncaron un poco mis entrenamientos, entonces decidí que un gimnasio era lo más cómodo, olvídenlo, no nací para el deporte en lugares cerrados, solo me paseo por uno de vez en cuando para hacer algunas máquinas de pesas para las piernas. Aprovechando el buen clima y queriendo seguir un poco el ejemplo de mi padre, comencé a correr por una de las avenidas más lindas de Maracay y me sentía bien, muy bien, pero lo estaba haciendo mal, muy mal.

Poco a poco y escuchando a mi papá comencé a entender como DOSIFICAR la velocidad y poder aguantar un entrenamiento más largo. Y sola, luego de tantos intentos fallidos, fue un día en Caracas, corriendo al rededor de unas canchas de tenis, que aprendí como correr de verdad.


En el intermedio de todas estas historias, he subido muchas montañas e incluso he hecho rapel y canyoning, y sin duda soy una persona de deportes extremos, la adrenalina y el poder llegar a la meta que se vive en esos deportes dónde te raspas las rodillas, es lo que más energía le ha dado a mi vida. Por ahora solo me dedico al running y de vez en cuando me doy una escapada a las montañas merideñas a hacer mi tan adorado trekking.



Así pues, decidí hacerle caso a mi papá y entrenar el running de verdad y créanme que le he ganado a todos los miedos que podía tener. Mi vida se equilibra en cada entrenamiento como si viniera un oleaje de perfección en el aire que roza mi cara al correr y hoy puedo decir que en 10 días estaré corriendo por primera vez en la fabulosa media maratón de San Sebastián, dónde solo participaré en los 11km porque mis primeros 21 corresponden a 2013 con el favor de Dios.

Ya he competido antes, y tengo pocos reconocimientos, en realidad dos, una medalla de plata en un maratón de mi colegio, por llegar de segunda en mi categoría y un trofeo de 3er lugar en mi categoría en una carrera de gremios. En esas carreras en las que corremos miles de personas, solo me dan mi medalla al esfuerzo. Pero lo importante que me ha enseñado este deporte, es que compito con Yirah, la única que conozco hasta ahora, y le doy a mi cuerpo la energía que implica superar mis propias marcas.



Voy con expectativas a la San Sebastián, además de la emoción de compartir una vez más una carrera con mi padre, también estará con nosotros el fabuloso Maickel Melamed y debutaré como miembro de Táchira Runners, el primer club de running en mi San Cristóbal, que está naciendo de mano de mi papá y sus alumnos, más orgullosa imposible!




KeepOnRunning **

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